La madrugada del 31 de octubre del 2003 Bethany entró al agua bien temprano en Tunnels, como casi todos los dias.   Aspiraba a seguir subiendo en el ranking amateur desde el octavo puesto a nivel mundial en que estaba y aprovechaba para practicar en cualquier rato libre que tuviera.  Esta era una típica sesión tempranera antes de ir a clase.
    Esa mañana la acompañaba su mejor amiga, Alana, el padre de ésta y dos hermanos.
    Habiendo nacido ahí, en la isla Kauai, Bethany no le daba importancia a la distancia entre la orilla y el arrecife de coral donde rompe Tunnels.   Muchas rompientes en las islas quedan tan o mas lejos y todos los lugareños estan habituados a remar grandes distancias.   Pero 1 kilómetro remando no deja de ser un buen tirón en cualquier lugar, y estando en buena forma física significa un buen cuarto de hora metiendo brazo.   Con mas de 1mt 70 de altura a sus 13 años, delgada y pura fibra, ella estaba tan en forma como puede estar alguien acostumbrada al deporte desde niña, bien alimentada y bien entrenada.
    Después de un buen rato de olas se apartó a descansar un poco mientras miraba  a los demás, y a esa altura ya otros amigos se habian sumado al grupo.   Era un día como cualquier otro; un amanecer templado por la brisa que traía de la orilla el aroma de flores de la "isla jardín", agua cálida y transparente, picos huecos de 1 metro y algo mas, la vista desde mar adentro de las montañas de Haena con la selva desparramando verde hasta el borde del mar, enfin...  "just another day in paradise" acostumbran decir los isleños.
    Se acostó sobre su tabla con un brazo colgando sumergido.   En un borde de su ángulo de visión vió, según sus palabras, "un flash gris" que se agrandaba de repente desde el fondo.   Un tiburón de una tonelada la prensó con su mordida contra la tabla y ella se sintió sacudida con violencia como si no pesara nada mientras se aferraba a la tabla desesperadamente con su brazo libre.  En pocos segundos el bicho había desaparecido con una media luna de tabla de más de 40 cms. de largo y tambien su brazo izquierdo.
    Esa mañana me extrañó que las sirenas insistieran tanto.  Hanalei es un lugar tranquilo y transcurren semanas sin ver pasar nada ruidoso.   Pero las sirenas iban y venían y no paraban, y el valle devolvía el eco que de a ratos se perdía entre las curvas de las montañas.  Pensé en un accidente carretero, y tendría que ser feo para provocar tanto movimiento.
    Bethany zafó con vida del ataque porque lo que el tiburón buscaba era carne de foca "monk", de las que abundan en la vecina isla de Niihau, y el primer hecho fortuito de una seguidilla increíble fue precisamente ese; un bocado le bastó al cazador para convencerse, largar la presa y desaparecer.   Pero a pesar de que nadie del grupo vio lo que acababa de pasar, de no haber sido por ellos la joven hubiera muerto en pocos minutos. 
    Tambien fue afortunda al no perder el conocimiento pese al tremendo choque de adrenalina que sufrió.   Con un asombroso autocontrol  reaccionó enfilando hacia la playa remando frenéticamente al tiempo que alertaba a los demás gritando el fatídico "shark!" que congela la sangre.    Al principio uno de los hermanos de Alana pensó que estaba bromeando pero luego vió como el agua se teñía alrededor de ella y todos se precipitaron a socorrerla.  Mientras el remador mas rápido se disparaba hacia la orilla para pedir auxilio, el padre de Alana le improvisó un torniquete con un leash, y esa rápida e ingeniosa reacción fue clave para salvarle la vida. 
    Con todo, la lucha no estaba ganada; recien empezaba.  Por un rato ella ayudó remando, pero el torniquete necesitaba contínuos ajustes porque solo había unos pocos centímetros de brazo debajo del hombro y no se lograba detener completamente la pérdida.  La pasaron a un tablón para poder cinchar y empujar todos alrededor y aun así cuando llegaron a la arena ya habia perdido casi la mitad de su sangre.   Recien entonces se desmayó.  En ningun momento lloró ni se desesperó.    El primero de varios equipos de rescate ya estaba ahi mientras un helicóptero iba en camino.   La velocidad de respuesta y la coordinación fue decisiva para ayudarla a vivir.   Sin esa primera atención no bien salió del agua no lo hubiera logrado.    Cuando el helicóptero volaba hacia el hospital en Lihue, a 50 kms de distancia, ya el quirófano estaba listo para ella y el equipo médico la esperaba manejando todos los datos que necesitaba y contando con el mejor instrumental.    En una isla de 70 mil habitantes el hospital de Lihue está tan capacitado para intervenciones de todo tipo como cualquier otro de la vecina Oahu, con un millón.
    Pero no solo eso.   El mejor cirujano del país especialista en mordidas de tiburón estaba casualmente en el hospital por unos dias.
    Y otra:  el propio padre de Bethany se encontraba en el quirófano en esos momentos esperando por una intervención menor en su rodilla, totalmente ajeno a lo que estaba pasando su hija.   El primer donante estaba allí antes de llegar ella.
    A media mañana llega Bill Hamilton al taller y nos anuncia: "tengo una noticia triste", como para prepararnos.
    Cris, el laminador, es un treintañero habitante de Los Angeles, o sea alguien anestesiado desde que nació por la incesante sobredosis de imágenes y todo tipo de estímulos impactantes, y al oir los detalles puteaba como manera de expresar emoción.
   Por mi parte pensé inmediatamente en mi hija de esa edad, y me puse en el lugar del padre cuando -según Bill- le dijeron:  "lo lamento señor pero debemos suspender lo suyo porque llega una niña víctima de un ataque de tiburón".     Sentí una tenaza en la garganta, y cuando Bill arrancaba hacia el hospital para llevar consuelo tuve un raro impulso de sanador milagroso y pensé en acompañarlo para poder tocar el hombro de Bethany con la ilusión de devolverle su brazo.    Eso fue lo que hice tiempo despues cuando vino de visita por el taller.    No pasó nada.
    Siendo una comunidad poco numerosa, toda la isla se puso en marcha para ayudar.  La noticia recorrió el mundo y en pocas horas las principales cadenas de TV del pais se disputaban la exclusividad de las entrevistas y de todo el consabido circo mediático.   Se organizó un espectáculo a beneficio donde empresas y particulares donaron objetos y bienes para ser subastados.  Alli se vieron cuadros pintados por tablistas famosos, tablas favoritas de distintos campeones antiguos y actuales, productos típicos de la isla, tours en helicóptero, y un sinfin de cosas.    Y allí se vió la crema del ambiente surfero hawaiano, como los hermanos Irons, entre decenas de figuras.   Varios personajes legendarios colaboraron pasando la canasta para juntar billetes, como el mismísimo gurú del shape de los años 70: Dick Brewer. 
    El tiburón es para los hawaianos un poco como la vaca para los hindues.   No se mata.    Pero aquí había un depredador fuera de su zona habitual y el peligro de otro ataque en cualquier momento y cualquier playa.    Bill y un vecino ya tenian experiencia en el tema y cargaron con la tarea de darle caza, algo que inmediatamente dividió las aguas en toda la isla.    Pusieron una carnada en un anzuelo para tiburon y al dia siguiente apareció retorcido y limpio.    Este era mas grande de lo que pensaban.   Entonces colgaron un "pequeño" tiburon de 2 metros de dos gruesos ganchos de acero y anclaron todo con boyas y redes en algun lugar del arrecife. 
    Por esos dias las rompientes estaban mas vacias de gente.  Lo habian visto merodeando en varias playas y el ambiente era de nerviosismo y cautela. 
  Una tarde fuimos por el chapuzón de rutina hasta Hanalei con un amigo que vive alli desde hace mucho y no nos sorprendió ver que para lo lindo que estaba solo hubiera cuatro en el agua.      Como el último avistamiento habia sido a un par de kilómetros de allí nos pareció que no pasaría nada.   La ocasión era muy tentadora.   En el medio de la remada de varias cuadras hasta el primer pico nos cruzamos con alguien que salía con cara preocupada y nos avisó que el bicho estaba en la vuelta.  El lo había visto.   Dudamos entre seguir o volver...  A todo eso, uno de los tres que quedaban surfeó una ola que volcó la balanza.    Nos miramos y fue unánime: "Y bué!  Ya que llegamos hasta aquí, agarramos un par y nos vamos".    El par se convirtió en un montón, estuvimos casi tres horas y fue una de las mejores sesiones del viaje.    Lo que en ese momento no sabíamos era que la carnada estaba  colocada entre nosotros y la orilla.    Esa noche el escualo mordió el anzuelo, mejor dicho se lo tragó con tiburón de 2 metros y todo.   Era un tigre de 4 metros y medio, muy gordo.  Flotando quieto en la orilla impresionaba simplemente de verlo, aun sabiendo que no iba a morder mas.   Las mandíbulas encajaron perfectamente en la tabla y un experto concluyó que era el mismo del ataque a Bethany.   La industria del turismo local respiró aliviada.
    Una de las primeras cosas que ella hizo cuando salió del hospital fue ir de visita por el taller.    Los medios la seguían acosando, y en esa ocasión llegó acompañada del editor de la Surfer magazine y varios colaboradores.    La pugna por tenerla en tal o cual programa de TV subía las cifras en el orden de las decenas de miles de dolares.   Fue la invitada principal en varios shows de audiencia millonaria, algunos retransmitidos en muchos países.   Fue distinguida de varias maneras, le crearon una marca de ropa, le escribieron un libro, le planean la consabida película a seguir, y mas.
    Viendo esta adolescente flacucha, pecosa, rubia y todavía con cara de niña, de buen humor y sin ningún problema en exhibir lo que quedó de su brazo, es asombroso comprobar que sobrevivió no solo al tiburón sino a todo lo que vino despues.   Pero lo esencial no es fácil de ver, y la esencia de Bethany es lo que la llevó a tirarse de nuevo al agua pocas semanas despues y a seguir con su plan de competir como antes, y eso es precisamente lo que está haciendo.


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